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Eficiencia Energética

La Eficiencia Energética se define como la reducción del consumo de energía manteniendo los mismos servicios energéticos, sin disminuir nuestro confort y calidad de vida, al tiempo que protegiendo el medio ambiente.

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Crisis Energética

La crisis energética es ya una realidad en nuestra sociedad que plantea no sólo el problema del agotamiento de las principales fuentes actuales, con los consiguientes conflictos para conseguirlas, sino también la contribución al cambio climático y la pérdida de la calidad de vida producida por la contaminación cotidiana.

Al mismo tiempo, junto con la crisis energética confluye una crisis económica que dificulta la transición hacia un escenario energético más sostenible. Si además, tenemos en cuenta que los costes energéticos se han disparado en los últimos años hasta igualarse e incluso superar al resto de estados europeos las dificultades en la que se encuentran los consumidores particulares, empresas,  industria y las administraciones públicas es harto compleja, a la hora de hacer frente a la facturación energética.

Por todos estos motivos, ahora más que nunca, resulta imprescindible disponer de un asesoramiento eficaz y de primera mano que ayude, no solo a reducir la facturación eléctrica de la vivienda, la oficina, la fábrica sino también a adoptar medidas que sirvan para mejorar la eficiencia energética de las instalaciones analizadas en aras de optimizar al máximo el consumo energético y generar, en la medida de lo posible el mayor ahorro económico.

Gases de Efecto Invernadero

Para casi todas las regiones europeas las emisiones de CO2 provenientes del uso de la energía han aumentado desde 1990. La indiscutible relación entre el cambio climático y los gases de efecto invernadero, cuyos principales emisores por combustión energética son los países desarrollados, ponen de manifiesto la importancia de la eficiencia enérgica como instrumento de cambio.

Con la actual crisis, si bien se ha visto ralentizado el crecimiento de las emisiones de efecto invernadero a la atmósfera, el problema continúa estando muy presente y por este motivo, debemos tomar medidas orientadas a la reducción del consumo de energía, combinando el fomento de las energías renovables, limpias e inagotables, y la implantación de medidas eficientes sobre sistemas ya existentes.

Nuestro objetivo  como empresa de energías renovables y servicios energéticos debe ser gestionar un sistema donde se combinen la eficiencia energética, con la consecuente reducción del gasto, y la potenciación de las energías de carácter renovable y ello concienciando a todos los actores que intervienen en el proceso de construir nuestro entorno

Los problemas medioambientales, económicos y sociales europeos parecen señalar una disminución del consumo energético, sin embargo, tal y como los expertos recogen en artículos y publicaciones, esta potencial reducción se hace imposible con las dinámicas económicas actuales, donde los países emergentes están creciendo a un ritmo muy fuerte y uniéndose al carro de un mayor consumo de energía. Por todo ello, las políticas de eficiencia energética que especialmente se propugnan desde la Unión Europea, deben ampliarse al resto de continentes.

Estrategia energética en España

El 80% de la energía consumida es de origen fósil, y en el caso de España casi el mismo porcentaje se trae del exterior, lo que muestra su gran vulnerabilidad ante la crisis energética que ya es evidente. El aumento imparable del consumo energético de los últimos años, inferior generalmente al crecimiento del PIB, ha venido acompañado de una gran producción de gases de efectos nocivos para nuestra calidad de vida y para el planeta, siendo actualmente la energía la responsable del 78% de las emisiones. Como se ha observado en el análisis de los indicadores, las tendencias de eficiencia en España son negativas y se vinculan indiscutiblemente a un consumo que va en aumento.

Además hay que resaltar la lenta concienciación de los ciudadanos de este país sobre la necesidad del ahorro y la búsqueda de la eficiencia energética, estando dispuesto a cambiar de hábitos en el consumo energético un porcentaje aproximado de un 25% de los usuarios frente a casi la mita de la población de la media en la Unión Europea. Todos estos datos, ponen de relieve la necesidad de una política de eficiencia energética a nivel nacional y de la Unión Europea.

En conclusión, es necesario apostar de manera intensa y sin ambagajes por una política activa en materia energética, premiando las iniciativas de mejora de la eficiencia en sistemas energéticos ya existentes y favoreciendo la implantación de energías renovables, cuyo nivel de maduración tecnológico permite retornos de amortización significativamente cortos.

Este es el único camino que garantiza el éxito energético, el resto de escenarios, con una presencia cada vez más fuerte en el marco energético mundial de las naciones emergentes, cuyos ciudadanos reclaman de manera intensa su incorporación al estilo de vida occidental, ponen en riesgo el actual mapa energético internacional con una demanda de recursos creciente pero imposible de cubrir durante mucho tiempo con los recursos energéticos tradicionales.

La apuesta, en esta coyuntura mundial, pasa por invertir en la mejora de la eficiencia de las instalaciones energéticas actuales y por las energías renovables, espcialmente por aquellas que no requieran de un gasto en su transporte y que permitan el desarrollo de la figura del consumidor-productor, como pueden ser la energía solar y minieólica.